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Ez 3, 5-15

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

5Ten en cuenta que no eres enviado a un pueblo de habla oscura y lengua difícil, sino a la casa de Israel; 6no a pueblos numerosos, de habla oscura y lengua difícil, cuyas palabras no entenderías. Por cierto, si te enviara a ellos, te escucharían. 7Pero la casa de Israel no querrá escucharte, porque no está dispuesta a escucharme a mí, ya que toda la casa de Israel tiene dura cerviz y corazón obstinado. 8Mira, yo endureceré tu rostro como el de ellos, y haré tu frente tan dura como la suya; 9haré tu frente como el diamante, que es más duro que la roca. No les temas, no tengas miedo de ellos (porque son una casa rebelde).» 10Luego me dijo: «Hijo de hombre, recuerda bien todas las palabras que yo te dirija, y escúchalas atentamente. 11Anda, ve donde los deportados, tus compatriotas; háblales y diles: ‘Esto dice el Señor Yahvé’, escuchen o no escuchen.» 12Entonces, el espíritu me levantó y oí a mis espaldas el estruendo de un gran terremoto: «Bendita sea la gloria de Yahvé desde su morada.» 13(El ruido que hacían las alas de los seres al chocar entre sí y el ruido de las ruedas que había junto a ellos parecía el estruendo de un gran terremoto.) 14Entonces el espíritu me levantó y me arrebató. Yo iba apesadumbrado e irritado, mientras Yahvé dejaba sentir su mano pesadamente sobre mí. 15Llegué donde los deportados de Tel Abib que residían junto al río Quebar —aquí residían ellos—, y permanecí allí siete días, aturdido, en medio de ellos.