Ez 22, 1-31
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1La palabra de Yahvé se dirigió a mí en estos términos: 2«Y tú, hijo de hombre, ¿no vas a juzgar? ¿No vas a juzgar a la ciudad sanguinaria? Haz que conozca todas sus abominaciones. 3Dirás: Esto dice el Señor Yahvé: ¡Ciudad que derrama la sangre de sus habitantes, haciendo que llegue su hora; que fabrica basuras * en su suelo para contaminarse! 4La sangre que derramaste te ha hecho culpable, con las basuras que hiciste te has contaminado; has adelantado tu hora, ha llegado el término de tus años. Por eso, te he convertido en la burla de las naciones y en la irrisión de todos los países. 5Próximos y lejanos se reirán de ti, ciudad de nombre impuro, repleta de desórdenes. 6Ahí están dentro de ti los príncipes de Israel, cada uno según su poder * , sólo ocupados en derramar sangre. 7En ti se desprecia al padre y a la madre, en ti se maltrata al forastero residente, en ti se oprime al huérfano y a la viuda. 8No tienes respeto a mis cosas sagradas, profanas mis sábados. 9Hay en ti gente que calumnia para provocar crímenes. En ti hay gente que come en los montes y comete infamias. 10En ti se descubre la desnudez del propio padre, en ti se fuerza a la mujer en estado de menstruación. 11Hay quien comete impureza con la mujer de su prójimo, quien se contamina cometiendo acciones infames con su nuera, o quien fuerza a su hermana, la hija de su propio padre. 12En ti se acepta soborno para provocar crímenes; practicas la usura y el interés, explotas a tu prójimo con violencia, y así te has olvidado de mí —oráculo del Señor Yahvé—. 13«Así que voy a descargar mi mano a causa de los actos de pillaje que has cometido y de la sangre que corre en medio de ti. 14¿Tendrás suficiente valor y firmeza para hacer frente al día en que yo actúe contra ti? Yo, Yahvé, he hablado y lo haré: 15Te dispersaré entre las naciones, te esparciré por los países, borraré la inmundicia que hay en tus moradores, 16por ti misma te verás profanada * a la vista de las naciones. Y sabrás que yo soy Yahvé.» 17Yahvé me dirigió su palabra en estos términos: 18«Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos son cobre, estaño, hierro, plomo, en medio de un horno. ¡Sólo son escoria * ! 19Por eso, esto dice el Señor Yahvé: Por haberos convertido todos vosotros en escoria, voy a juntaros en medio de Jerusalén * . 20Del mismo modo que se ponen juntos plata, cobre, hierro, plomo y estaño en el horno, y se atiza el fuego por debajo para fundirlo todo, así os juntaré yo en mi cólera y mi furor, y os fundiré. 21Os reuniré, atizaré contra vosotros el fuego de mi furia y os fundiré dentro de la ciudad. 22Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos vosotros dentro de ella. Y sabréis que yo, Yahvé, he derramado mi furor sobre vosotros.» 23Yahvé me dirigió su palabra en estos términos * : 24«Hijo de hombre, dile: Eres una tierra que no ha tenido lluvia * ni ha quedado empapada el día de la Ira. 25Los príncipes * que en ella residen son como un león rugiente que desgarra su presa; han devorado a la gente, se han apoderado de haciendas y joyas, han multiplicado las viudas que la habitan. 26Sus sacerdotes han violado mi ley y profanado mis cosas sagradas; no han hecho diferencia entre lo sagrado y lo profano, ni han enseñado a distinguir entre lo puro y lo impuro; se han tapado los ojos para no ver mis sábados, y yo he sido deshonrado entre ellos. 27Los jefes que viven en ella son como lobos que desgarran su presa, acostumbrados al crimen, que asesinan a las personas para robar sus bienes. 28Sus profetas los han recubierto de argamasa * con sus vanas visiones y sus presagios mentirosos, pues dicen: ‘Esto dice el Señor Yahvé’, cuando Yahvé no había hablado. 29El pueblo de la tierra ha hecho violencia y cometido pillaje, ha oprimido al pobre y al indigente, ha maltratado al forastero sin ningún derecho. 30Busqué entre ellos alguno que construyera un muro y se mantuviera de pie en la brecha ante mí, para proteger la tierra e impedir que yo la destruyera, pero no he encontrado a nadie. 31Entonces derramé mi ira sobre ellos y los exterminé en el fuego de mi furia, haciéndolos así responsables de su conducta —oráculo del Señor Yahvé—.»