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Ef 1, 11-23

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

11A él * , por quien somos herederos * , elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su voluntad, 12para que alabemos su gloria los que ya antes esperábamos en Cristo. 13En él también vosotros * , tras haber oído la Palabra de la verdad, la buena nueva de vuestra salvación, y haber creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo * de la promesa. 14El Espíritu es garantía de nuestra herencia, hasta que el pueblo de su posesión * sea redimido, y su gloria sea así alabada. 15Por eso, también yo, al tener noticia de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestra caridad * para con todos los santos, 16no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones. 17Así, pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que os conceda espíritu * de sabiduría y de revelación para conocerle perfectamente, 18que ilumine los ojos de vuestro corazón * para que conozcáis cuál es la esperanza a que habéis sido llamados por él, cuál la gloriosa riqueza otorgada por él en herencia a los santos, 19y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa. 20Dios desplegó esta fuerza en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su diestra en los cielos, 21por encima de todo principado, potestad, virtud, dominación * y de todo cuanto tiene nombre, no sólo en este mundo, sino también en el venidero. 22Sometió todo bajo sus pies y le constituyó cabeza suprema de la Iglesia, 23que es su cuerpo, la plenitud del que lo llena todo en todo * .