Bar 2, 1-35
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Por eso, el Señor, nuestro Dios, cumplió las amenazas que había pronunciado contra nosotros, contra nuestros jueces que gobernaron a Israel, contra nuestros reyes y gobernantes y contra los habitantes de Israel y de Judá. 2Jamás sucedió bajo el cielo nada semejante a lo que él hizo en Jerusalén, como está escrito en la Ley de Moisés: 3que llegaríamos a comernos cada uno la carne de sus propios hijos e hijas. 4El Señor los sometió a todos los reinos de nuestro alrededor, haciéndolos motivo de burla y deshonra entre todos los pueblos circundantes donde el Señor los dispersó. 5Y pasaron de dominadores a dominados, por haber pecado contra el Señor, nuestro Dios, desoyendo su voz. 6El Señor, nuestro Dios, es justo; en cambio, nosotros y nuestros padres nos sentimos hoy abochornados. 7Nos han sobrevenido todas las desgracias con las que el Señor nos había amenazado. 8Sin embargo, nosotros no hemos pedido al Señor que nos cambiase los perversos planes de nuestra mente. 9Por eso, el Señor ha estado pendiente de esas desgracias y nos las ha enviado. Porque el Señor tenía razón en todo lo que nos ordenó; 10pero nosotros no hemos escuchado su voz ni hemos cumplido los mandamientos que nos dio. 11Y ahora, Señor, Dios de Israel, que sacaste a tu pueblo de Egipto con mano fuerte, entre signos y prodigios, con gran poder y brazo alzado, ganándote una fama que dura hasta hoy, 12nosotros hemos pecado y hemos cometido crímenes e injusticias, Señor Dios nuestro, contra todos tus mandamientos. 13Aparta de nosotros tu cólera, porque hemos quedado muy pocos en las naciones a donde tú nos dispersaste. 14Escucha, Señor, nuestra oración y nuestra súplica; líbranos por tu honor y haz que ganemos el favor de los que nos deportaron, 15para que conozca todo el mundo que tú eres el Señor, nuestro Dios, y que has dado tu nombre a Israel y a su descendencia. 16Mira, Señor, desde tu santa morada y atiéndenos; inclina, Señor, tu oído y escucha; 17abre, Señor, tus ojos y mira que no son los muertos en la tumba, cuyos cuerpos quedaron sin vida, los que dan gloria y hacen justicia al Señor, 18sino los de ánimo colmado de aflicción, los que caminan encorvados y extenuados, los de ojos apagados y los de estómago hambriento * , ésos son los que te dan gloria y hacen justicia, Señor. 19No nos apoyamos en los méritos de nuestros antepasados y de nuestros reyes para presentarte nuestra súplica, Señor Dios nuestro. 20Porque has descargado tu furor y tu cólera sobre nosotros, como habías anunciado por medio de tus siervos, los profetas, diciendo: 21«Así dice el Señor: Doblegaos y servid al rey de Babilonia, para seguir habitando la tierra que di a vuestros antepasados. 22Pero si no escucháis la invitación del Señor a servir al rey de Babilonia, 23yo haré callar en las ciudades de Judá y en Jerusalén las canciones alegres y bulliciosas, las canciones de novios y de novias, y todo el país quedará convertido en un desierto deshabitado .» 24Pero nosotros no escuchamos tu invitación de servir al rey de Babilonia, y por eso has cumplido tus amenazas anunciadas por medio de tus siervos, los profetas: que los huesos de nuestros reyes y los huesos de nuestros antepasados serían sacados de sus sepulcros. 25Y, en efecto, ahí están expuestos al calor del día y al frío de la noche, pues murieron entre espantosos sufrimientos por hambre, espada y epidemia. 26Y el templo consagrado a tu nombre ha quedado reducido al estado en que hoy se encuentra, por culpa de la maldad de Israel y de Judá. 27Sin embargo tú, Señor Dios nuestro, nos has tratado con toda tu equidad y misericordia, 28tal como dijiste por medio de tu siervo Moisés, cuando le ordenaste escribir tu Ley en presencia de los israelitas, diciendo: 29«Si no escucháis mi voz, esta inmensa multitud quedará reducida al mínimo en medio de las naciones a donde yo los dispersaré. 30Sé que no me escucharán, porque son un pueblo testarudo; pero en su destierro se convertirán de corazón 31y reconocerán que yo soy el Señor, su Dios. Entonces yo les daré un corazón y unos oídos atentos, 32y ellos me alabarán en su destierro, invocarán mi nombre y 33abandonarán su testarudez y su conducta perversa, recordando lo que les sucedió a sus padres cuando pecaron contra el Señor. 34Los haré volver a la tierra que juré dar a sus antepasados, a Abrahán, Isaac y Jacob, y tomarán posesión de ella. Los multiplicaré y ya no menguarán. 35Y sellaré con ellos una alianza eterna: yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y no volveré a expulsar a mi pueblo Israel de la tierra que le di.»