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2 Re 9, 30-37

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

30Jehú fue a Yizreel. Nada más enterarse, Jezabel se alcoholó los ojos con antimonio, se adornó la cabeza y se asomó al balcón. 31Cuando Jehú llegó a la puerta, le gritó: «¿Te va bien, Zimrí, asesino de su señor * ?» 32Jehú alzó la vista hacia el balcón y preguntó: «¿Quién está contigo?» Dos o tres eunucos miraron hacia Jehú 33y él les ordenó: «Arrojadla abajo.» Ellos la arrojaron y su sangre salpicó las murallas y los caballos, que la pisotearon. 34Luego entró, comió y bebió. Jehú dio órdenes: «Atended a esa maldita y dadle sepultura, pues no deja de ser hija del rey.» 35Cuando fueron a enterrarla, no encontraron de ella más que el cráneo, los pies y las palmas de las manos. 36Volvieron a dar cuenta a Jehú, quien sentenció: «Se cumple la palabra que Yahvé pronunció por boca de su siervo Elías el tesbita: ‘En el campo de Yizreel comerán los perros la carne de Jezabel. 37El cadáver de Jezabel será como estiércol sobre la superficie del campo * , de modo que nadie podrá reconocer que era Jezabel.’»