2 Pe 2, 10-22
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)10sobre todo a los que se dejan arrastrar por sus apetencias impuras y desprecian al Señorío * . Son atrevidos y arrogantes, que no temen insultar a las Glorias * , 11cuando los ángeles, que son superiores en fuerza y en poder, no osan pronunciar juicios injuriosos contra ellas en presencia del Señor * . 12Pero éstos, como animales irracionales, destinados por naturaleza a ser cazados y muertos, que hablan injuriosamente de lo que ignoran, morirán como mueren los animales, 13sufriendo daño en pago del daño que hicieron. Cifran su felicidad en el placer de un día * . Son hombres manchados e infames, que se entregan de lleno a los placeres mientras banquetean con vosotros. 14No apartan su vista del adulterio * ni se hartan de pecar; seducen a las almas débiles y tienen la mente ejercitada en la codicia, ¡son gente maldita! 15Abandonaron el camino recto; se desviaron y siguieron el camino de Balaán, hijo de Bosor * , que se dejó arrastrar por un salario inicuo, 16pero fue reprendido por su mala acción. Un mudo jumento, que hablaba con voz humana, impidió la insensatez del profeta. 17Estos hombres son como fuentes secas y nubes llevadas por el huracán, a quienes está reservada la oscuridad de las tinieblas. 18Pronunciando palabras altisonantes, pero vacías, seducen con las pasiones y el libertinaje propios de la flaqueza humana a los que acaban de alejarse * de la gente que vive en el error. 19Les prometen libertad * , al tiempo que ellos son esclavos de la corrupción —pues uno se convierte en esclavo del que le vence—. 20Porque si, después de haberse alejado de la impureza del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, se enredan nuevamente * en ella y son vencidos, su postrera situación resulta peor que la primera. 21Pues más les hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia que, una vez conocido, volverse atrás, abandonando el santo precepto que les fue transmitido * . 22Les ha sucedido lo de aquel proverbio tan cierto: « el perro vuelve a su vómito », y lo de aquel otro: «la puerca lavada, a revolcarse en el cieno».