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2 Cr 36, 1-23

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1La gente del país tomó a Joacaz, hijo de Josías, y lo proclamó rey en Jerusalén, como sucesor de su padre. 2Joacaz tenía veintitrés años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén * . 3El rey de Egipto lo destituyó en Jerusalén e impuso al país una indemnización de cien talentos de plata y un talento de oro. 4El rey de Egipto proclamó rey de Judá y Jerusalén a Eliaquín, hermano de Joacaz, cambiándole el nombre por el de Joaquín. Necó tomó a su hermano Joacaz y lo llevó a Egipto. 5Joaquín tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Hizo lo que Yahvé, su Dios, detesta. 6Nabucodonosor, rey de Babilonia, le atacó y lo ató con cadenas de bronce para conducirlo a Babilonia * . 7Nabucodonosor llevó también a Babilonia algunos objetos del templo de Yahvé, que depositó en su santuario, en Babilonia. 8El resto de los hechos de Joaquín, las abominaciones que cometió y todo lo que le sucedió, está escrito en el Libro de los reyes de Israel y de Judá. Le sucedió en el trono su hijo Jeconías. 9Jeconías tenía ocho años * cuando empezó a reinar, y reinó tres meses y diez días en Jerusalén. Hizo también lo que Yahvé detesta. 10A la vuelta de un año mandó el rey Nabucodonosor que le llevasen a Babilonia, juntamente con los objetos más preciosos del templo de Yahvé, y puso por rey en Judá y Jerusalén a Sedecías, hermano de Jeconías * . 11Sedecías tenía veintiún años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. 12Hizo lo que Yahvé, su Dios, detesta y no se humilló ante el profeta Jeremías, que le hablaba por boca de Yahvé. 13También él se rebeló contra el rey Nabucodonosor, que le había hecho jurar por Dios; endureció su cerviz y se obstinó en su corazón, en vez de volverse a Yahvé, el Dios de Israel. 14Del mismo modo, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según todas las costumbres abominables de los paganos, y mancharon el templo de Yahvé, que él se había consagrado en Jerusalén. 15Yahvé, Dios de sus antepasados, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. 16Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que la ira de Yahvé contra su pueblo aumentó hasta tal punto que ya no hubo remedio. 17Entonces hizo que les atacase el rey de los caldeos, que mató a espada a los mejores en el edificio de su santuario, sin perdonar a joven ni a doncella, a viejo ni a canoso; a todos los entregó Dios en su mano. 18Además se llevó a Babilonia todos los objetos del templo de Dios, grandes y pequeños, los tesoros del templo de Yahvé y los tesoros del rey y de sus jefes. 19Incendiaron el templo de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. 20Y a los que escaparon de la espada los llevó cautivos a Babilonia, donde se convirtieron en esclavos suyos y de sus hijos hasta el advenimiento del reino de los persas. 21Así se cumplió la palabra de Yahvé, por boca de Jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.» 22En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra de Yahvé, por boca de Jeremías, movió Yahvé el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: 23«Esto dice Ciro, rey de Persia: Yahvé, Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique un templo en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él y suba allá!»