1 Sm 26, 7-16
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)7David y Abisay se dirigieron de noche hacia la tropa. Saúl dormía acostado en el centro del campamento, con su lanza, clavada en tierra, a su cabecera; Abner y el ejército estaban acostados en torno a él. 8Dijo entonces Abisay a David: «Hoy ha copado Dios a tu enemigo en tu mano. Déjame que ahora mismo lo clave en tierra con la lanza de un solo golpe. No tendré que repetir.» 9Pero David dijo a Abisay: «No lo mates. ¿Quién atentó contra el ungido de Yahvé y quedó impune?» 10Añadió David: «Por vida de Yahvé, que ha de ser el propio Yahvé quien le hiera, bien que llegue su día y muera, bien que baje al combate y perezca. 11Líbreme Yahvé de levantar mi mano contra el ungido de Yahvé. Ahora toma la lanza de su cabecera y el jarro de agua y vámonos.» 12Tomó David la lanza y el jarro de la cabecera de Saúl y se fueron. Nadie los vio, nadie se enteró, nadie se despertó. Todos dormían, porque se había abatido sobre ellos el sopor profundo de Yahvé. 13Pasó David al otro lado * y se colocó lejos, en la cumbre del monte, quedando un gran espacio entre ellos. 14Gritó David a la gente y a Abner, hijo de Ner, diciendo : «¿No me respondes, Abner?» Respondió Abner: «¿Quién eres tú?, ¿llamas al rey?» 15Dijo David a Abner: «¿No eres tú un hombre? ¿Quién como tú en Israel? ¿Por qué, pues, no has custodiado al rey, tu señor? Pues uno del pueblo ha entrado para matar al rey, tu señor. 16No está bien esto que has hecho. Por vida de Yahvé que sois reos de muerte por no haber velado sobre vuestro señor, el ungido de Yahvé. Mira ahora. ¿Dónde está la lanza del rey y el jarro del agua que había junto a la cabecera?»