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1 Re 13, 1-34

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Un hombre de Dios llegó de Judá a Betel, por orden de Yahvé, en el momento en que Jeroboán estaba en pie junto al altar dispuesto a quemar incienso. 2Por orden de Yahvé, gritó al altar diciendo: «Altar, altar, esto dice Yahvé: Un hijo nacerá a la casa de David, de nombre Josías. Él sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares de culto, a los que queman incienso sobre ti. Se quemarán huesos humanos sobre ti * .» 3Aquel día realizó un signo portentoso. Dijo: «Éste es el signo y el portento que Yahvé ha decretado. El altar se hará pedazos y las cenizas que hay sobre él quedarán esparcidas.» 4Cuando el rey Jeroboán oyó lo que el hombre de Dios gritaba contra el altar de Betel, extendió su mano desde lo alto del altar diciendo: «Prendedlo.» Pero la mano extendida quedó seca y no podía volverla hacia sí. 5El altar se hizo pedazos y las cenizas que había sobre el altar quedaron esparcidas, conforme al signo portentoso que había realizado el hombre de Dios por orden de Yahvé. 6Dijo el rey al hombre de Dios: «Aplaca, por favor, la ira de Yahvé tu Dios * , para que se restablezca mi mano.» El hombre de Dios aplacó la ira de Yahvé y la mano del rey se restableció y quedó como antes. 7El rey dijo al hombre de Dios: «Entra a palacio conmigo para reconfortarte y te haré un regalo.» 8El hombre de Dios replicó al rey: «Aunque me dieras la mitad de tu palacio, no entraré contigo. No comeré pan ni beberé agua en este lugar, 9porque esto me ha sido ordenado a través de la palabra de Yahvé: ‘No comas pan ni bebas agua, ni vuelvas por el camino por el que has ido’.» 10Y se fue por otro camino, sin volver por el que había venido a Betel. 11Un anciano profeta vivía en Betel. Sus hijos vinieron y le contaron cuanto el hombre de Dios había hecho aquel día en Betel y las palabras que había dicho al rey. 12Cuando terminaron su relato, el padre les preguntó: «¿Por qué camino se ha ido?» Sus hijos le mostraron * el camino por el que se había ido el hombre de Dios venido de Judá. 13Dijo a sus hijos: «Aparejadme el asno.» Aparejaron el asno y se montó en él. 14Fue en pos del hombre de Dios y lo encontró sentado bajo el terebinto. Le preguntó: «¿Eres tú el hombre de Dios que ha venido de Judá?» Él respondió: «Yo soy.» 15Le dijo: «Ven conmigo a casa y toma algo de comer.» 16Respondió: «No puedo volver contigo ni entrar en tu casa. No puedo comer pan ni beber agua en este lugar * , 17porque he recibido esta orden por medio de la palabra de Dios: ‘No comas pan ni bebas agua, ni vuelvas por el camino por el que viniste’.» 18Pero él le dijo: «También yo soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por orden de Yahvé; me ha dicho: ‘Hazle volver contigo a tu casa y que coma pan y beba agua’», pero le estaba mintiendo * . 19Lo hizo volver y comió pan y bebió agua en su casa. 20Estando ellos sentados a la mesa, llegó la palabra de Dios al profeta que lo había hecho volver. 21Éste gritó al hombre de Dios venido de Judá: «Esto dice Yahvé: Has desobedecido la voz de Yahvé y no has guardado la orden que Yahvé tu Dios te había dado, 22sino que has vuelto y has comido pan y bebido agua en el lugar del que dijo: ‘No comas pan y no bebas agua’. Por ello, tu cadáver no acabará en la tumba de tus antepasados.» 23Después que hubo comido y bebido, le aparejó su asno (al profeta al que había hecho volver). 24Éste partió, pero un león le salió al encuentro en el camino y lo mató. Su cadáver yacía en el camino, el asno de pie junto a él y el león erguido también junto al cadáver. 25Algunos hombres que pasaban, al ver el cadáver tirado en el camino y al león de pie junto al cadáver, fueron y lo contaron en la ciudad en la que vivía el anciano profeta. 26Cuando lo oyó el profeta que le había hecho volver del camino, dijo: «Es el hombre de Dios que desobedeció la orden de Yahvé. Yahvé lo ha entregado al león, que lo ha destrozado y matado, según la palabra que Yahvé le dirigió.» 27Entonces dijo a sus hijos: «Aparejadme el asno». Cuando se lo aparejaron, 28marchó y encontró el cadáver tendido en el camino, y al asno y al león de pie junto al cadáver. El león no había devorado el cadáver ni había descuartizado al asno. 29El profeta recogió el cadáver del hombre de Dios, lo acomodó sobre el asno y lo llevó a la ciudad para enterrarlo. 30Depositó el cadáver en su propio sepulcro, y entonaron lamentaciones por él: «¡Ay, hermano mío!» 31Después de enterrarlo, dijo a sus hijos: «Cuando yo muera, enterradme en el sepulcro en el que el hombre de Dios está enterrado. Donde están sus huesos poned los míos, 32porque se ha de cumplir la palabra que, por orden de Yahvé, gritó contra el altar de Betel y contra todos los santuarios de los lugares altos que hay en las ciudades de Samaría.» 33Tras esto, Jeroboán no se apartó de su mal camino, pues siguió consagrando para los lugares de culto sacerdotes tomados de entre el pueblo común. Consagraba sacerdote de los lugares de culto a todo el que lo deseaba 34Este proceder condujo al pecado a la casa de Jeroboán y a su perdición y exterminio de la superficie de la tierra.