1 Mac 15, 1-41
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Antíoco, hijo del rey Demetrio envió, desde las islas del mar * , una carta a Simón, sacerdote y etnarca de los judíos, y a toda la nación, 2redactada en los siguientes términos: «El rey Antíoco saluda a Simón, sumo sacerdote y etnarca, y a la nación de los judíos. 3Puesto que una peste de hombres ha venido a apoderarse del reino de nuestros antepasados, he resuelto reivindicar mis derechos sobre él y restablecerlo como anteriormente estaba. Para ello he reclutado fuerzas considerables y equipado navíos de guerra, 4pues quiero desembarcar en el país para encontrarme con los que lo han arruinado y han devastado tantas ciudades de mi reino. 5Así que ratifico ahora en tu favor todas las exenciones que te concedieron los reyes anteriores a mí y cuantas dispensas de otras donaciones te otorgaron * . 6Te autorizo a acuñar moneda propia de curso legal en tu país * . 7Que Jerusalén y el Lugar Santo sean libres. Puedes quedarte con todas las armas que has fabricado y las fortalezas que has construido y ocupas. 8Cuanto debes al tesoro real y cuanto en el futuro dejes a deber, te sea perdonado desde ahora para siempre. 9Y cuando hayamos ocupado nuestro reino, te honraremos a ti, a tu nación y al santuario con tales honores que vuestra gloria será conocida en toda la tierra.» 10El año ciento setenta y cuatro * partió Antíoco para el país de sus antepasados. Todas las tropas se pasaron a él, de modo que pocos quedaron con Trifón. 11Antíoco se lanzó en su persecución, pero Trifón se refugió en Dora * , a orillas del mar, 12porque veía que las desgracias se abatían sobre él y se encontraba abandonado de sus tropas. 13Antíoco puso cerco a Dora con los ciento veinte mil combatientes y los ocho mil jinetes que tenía consigo. 14Bloqueó la ciudad, y de la parte del mar se acercaron las naves, de modo que estrechó a la ciudad por tierra y por mar sin dejar que nadie entrase o saliese. 15Entre tanto, Numenio y sus acompañantes regresaron de Roma trayendo cartas para los reyes y diversos países, que decían así: 16«Lucio * , cónsul de los romanos, saluda al rey Tolomeo. 17Han venido a nosotros, en calidad de amigos y aliados nuestros, los embajadores de los judíos, para renovar nuestra antigua amistad y alianza. Han sido enviados por el sumo sacerdote Simón y por el pueblo de los judíos, 18y nos han traído un escudo de oro de mil minas * . 19Nos ha parecido bien, en consecuencia, escribir a los reyes y países que no intenten causarles mal alguno, ni les ataquen a ellos ni a sus ciudades ni a su país, y que no presten su apoyo a los que los ataquen. 20Hemos decidido aceptar de ellos el escudo. 21En caso de que individuos perniciosos huyan de su país y se refugien en el vuestro, entregadlos al sumo sacerdote Simón para que los castigue según su ley.» 22Cartas iguales fueron remitidas al rey Demetrio, a Átalo, a Ariarates, a Arsaces * 23y a todos los países: a Sámpsamo, a los espartanos, a Delos, a Mindos, a Sición, a Caria, a Samos, a Panfilia, a Licia, a Halicarnaso, a Rodas, a Fasélida, a Cos, a Side, a Árados, a Gortina, a Cnido, a Chipre y a Cirene * . 24Redactaron además una copia de esta carta para el sumo sacerdote Simón. 25El rey Antíoco, que a la sazón tenía puesto cerco a Dora en los arrabales, lanzaba sin tregua sus tropas contra la ciudad y construía ingenios de guerra. Tenía bloqueado a Trifón y nadie podía entrar ni salir. 26Simón le envió dos mil hombres escogidos para ayudarle en la lucha, además de plata, oro y abundante material. 27Pero no aceptó el envío; antes bien, rescindió cuanto había convenido anteriormente con Simón y se mostró hostil con él. 28Envió a Atenobio, uno de sus amigos, a entrevistarse con él y decirle: «Vosotros ocupáis Jope, Gázara y la Ciudadela de Jerusalén, ciudades de mi reino * . 29Habéis devastado sus territorios, causado graves daños en el país y os habéis adueñado de muchas localidades * de mi reino. 30Devolved, pues, ahora las ciudades que habéis tomado y los impuestos de las localidades de que os habéis adueñado fuera de los límites de Judea. 31O bien, pagad en compensación quinientos talentos de plata y otros quinientos talentos por los estragos que habéis causado y por los impuestos de las ciudades. De lo contrario, iremos y os declararemos la guerra.» 32Llegó, pues, Atenobio, el amigo del rey, a Jerusalén y, al ver la magnificencia de Simón, su aparador con vajilla de oro y plata y todo el esplendor que le rodeaba, quedó asombrado. Le comunicó el mensaje del rey 33y Simón le respondió con estas palabras: «Ni nos hemos apoderado de tierras ajenas ni nos hemos apropiado de bienes de otros, sino de la heredad de nuestros antepasados. Por algún tiempo la poseyeron injustamente nuestros enemigos, 34y nosotros, aprovechando una ocasión favorable, hemos recuperado la heredad de nuestros antepasados. 35En cuanto a Jope y Gázara que nos reclamas, esas ciudades causaban graves daños al pueblo y asolaban nuestro país * . Por ellas daremos cien talentos.» No respondió palabra Atenobio, 36sino que se volvió furioso adonde el rey y le refirió la respuesta, la magnificencia de Simón y todo lo que había visto. El rey montó en violenta cólera. 37Trifón, embarcado en una nave, huyó a Ortosia * . 38Entonces el rey nombró a Cendebeo epistratega de la Zona Marítima y le entregó tropas de infantería y de caballería, 39con la orden de acampar frente a Judea, construir Cedrón, fortificar sus puertas y combatir contra el pueblo. El rey partió en seguimiento de Trifón. 40Cendebeo llegó a Yamnia y comenzó a hostigar al pueblo, efectuando incursiones por Judea, capturando prisioneros y asesinando. 41Reconstruyó Cedrón * , donde alojó caballería y tropas para recorrer en salidas los caminos de Judea, como se lo tenía ordenado el rey.