1 Cr 21, 1-30
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Alzóse Satán * contra Israel, e incitó a David a hacer el censo del pueblo. 2Dijo, pues, David a Joab y a los jefes del ejército: «Id y contad los israelitas desde Berseba hasta Dan, y volved después para que yo sepa su número.» 3Respondió Joab: «¡Ojalá multiplicase Yahvé su pueblo cien veces más de lo que es! ¿Pero acaso no son, majestad, todos ellos siervos de mi señor? ¿Por qué, pues, pides esto? ¿Por qué acarrear culpa sobre Israel?» 4Pero prevaleció la orden del rey sobre Joab, que salió y recorrió todo Israel, para volver después a Jerusalén. 5Joab entregó a David la cifra del censo del pueblo: había en todo Israel 1.100.000 hombres capaces de manejar las armas; y en Judá 470.000 hombres capaces de manejar las armas * . 6No incluyó en este censo a Leví y Benjamín, porque Joab detestaba la orden del rey. 7Desagradó esto a Dios, por lo cual castigó a Israel. 8Entonces dijo David a Dios: «He cometido un gran pecado haciendo esto. Pero ahora te ruego que perdones la falta de tu siervo, pues he sido muy necio.» 9Yahvé habló a Gad, vidente de David, en estos términos: 10«Anda y di a David: Esto dice Yahvé: Te propongo tres cosas; elige una de ellas y la llevaré a cabo.» 11Llegó Gad donde David y le dijo: «Esto dice Yahvé: Elige: 12tres años de hambre, o tres meses de derrotas ante tus enemigos, perseguido por su espada, o bien tres días durante los cuales la espada de Yahvé y la peste anden por la tierra y el ángel de Yahvé haga estragos en todo el territorio de Israel. Ahora piensa bien qué debo responder al que me envía.» 13David contestó a Gad: «La angustia me atenaza. Pero caigamos en manos de Yahvé, que es grande su misericordia. No caiga yo en manos de los hombres.» 14Yahvé envió la peste sobre Israel, y cayeron 70.000 hombres. 15Mandó Dios un ángel contra Jerusalén para destruirla; pero, cuando ya estaba destruyéndola, miró Yahvé y se arrepintió del estrago. Y dijo al ángel Exterminador: «¡Basta ya; retira tu mano!» El ángel de Yahvé estaba junto a la era de Ornán el jebuseo. 16* Al alzar David la mirada, vio al ángel de Yahvé situado entre la tierra y el cielo, con una espada desenvainada en su mano, extendida contra Jerusalén. Entonces David y los ancianos, cubiertos de sayal, cayeron rostro en tierra. 17Y dijo David a Dios: «Yo fui quien mandé hacer el censo del pueblo. Yo fui quien pequé, yo cometí el mal. Pero estas ovejas, ¿qué han hecho? ¡Yahvé, Dios mío, caiga tu mano sobre mí y sobre la casa de mi padre, y no haya plaga entre tu pueblo!» 18Entonces el ángel de Yahvé dijo a Gad que diera a David la orden de subir para alzar un altar a Yahvé en la era de Ornán el jebuseo. 19Subió David, según la palabra que Gad le había dado en nombre de Yahvé. 20Ornán, que estaba trillando el trigo, se volvió y, al ver al ángel, él y sus cuatro hijos se escondieron. 21Cuando David llegó junto a Ornán, miró éste y, viendo a David, salió de la era y se postró ante él, rostro en tierra. 22Dijo David a Ornán: «Dame el sitio de esta era para erigir en él un altar a Yahvé —dámelo por su justo valor en plata—, para que la plaga se retire del pueblo.» 23Respondió Ornán a David: «Tómalo, y haga mi señor el rey lo que bien le parezca. Mira, te doy además los bueyes para holocaustos, los trillos para leña y el trigo para la ofrenda. Todo te lo doy.» 24Replicó el rey David a Ornán: «No. Quiero comprártelo por su justo precio, pues no tomaré para Yahvé lo que es tuyo, ni ofreceré holocaustos de balde.» 25Y David pagó a Ornán por el sitio la suma de seiscientos siclos de oro. 26David erigió allí un altar a Yahvé y ofreció holocaustos y sacrificios de comunión. Y allí invocó a Yahvé, que le respondió con fuego del cielo sobre el altar del holocausto. 27Entonces Yahvé ordenó al ángel que volviera la espada a la vaina. 28En aquel tiempo, al ver David que Yahvé le había respondido en la era de Ornán el jebuseo, ofreció allí sacrificios, 29pues la Morada de Yahvé, que Moisés había construido en el desierto, y el altar de los holocaustos estaban a la sazón en el alto de Gabaón. 30Pero David no se había atrevido a presentarse delante de Dios para consultarle, porque estaba aterrado ante la espada del ángel de Yahvé * .